La nueva Varsovia

El barrio de Praga, aún ignorado por muchos de los que visitan la capital polaca, es ya su núcleo cultural más importante y el corazón de la ciudad.

A pocos minutos en tranvía del centro histórico de la ciudad de Varsovia, en el margen derecho del rio Vístula, el barrio de Praga está revolucionando la tranquila capital polaca. Esta zona antes marginal, e incluso peligrosa a según qué horas, está en plena transformación gracias a los bares, centros culturales, librerías o cines que han ido creciendo al mismo ritmo que sus nuevos vecinos, jóvenes de profesiones liberales en busca de alquileres más baratos.

La nueva Varsovia

Lo interesante de Praga hoy es que el visitante aún está a tiempo de respirar los aires de libertad y creatividad que se vivieron, por ejemplo, en el Berlín oriental tras la caída del Muro, antes de que el aburguesamiento tomara las calles y sobre todo los precios.

La zona, por su distancia con el centro, no sufrió de forma tan cruenta los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, que arrasaron el 90% del casco histórico de la ciudad. Por ello, aún pueden contemplarse edificios originales del siglo XIX, alguno todavía con el negro recuerdo de disparos en su fachada. También los patios están intactos y mantienen los altares donde los vecinos rezaban durante el asedio alemán, cuando acercarse a la iglesia significaba una muerte segura.

Los resquicios históricos se mezclan hoy con relucientes edificios modernos y restaurantes o bares de cuidada decadencia donde se puede degustar, por ejemplo, el mejor de los vodkas. El centro neurálgico del barrio es precisamente una antigua destilería, la Koneser Vodka Factory (Zqbkowska 27/31), un complejo de edificios de 1897 reconvertido en centro cultural, con galerías, restaurantes, tiendas, cafés y un club Pszczoty, donde se puede bailar hasta altas horas con la comunidad artística varsoviana. Aún en proceso, el plan urbanístico incluirá también apartamentos, lofts y oficinas, siempre manteniendo la arquitectura industrial.

Consejo

Para empaparse de la ciudad, nada como callejear y rastrear el mercado los domingos, descubrir los coloridos murales que alegran la mustia arquitectura comunista, tomar un café en alguno de los pequeños establecimientos de puertas decoradas o cenar con música en directo y un vasito de absenta en el ambiente retro de WOparach

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